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Navegando en el rio de la vida

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Caminando sin prisa dejamos el Cairo rumbo al sur, mientras se dan manifestaciones  en la plaza Tahrir y queman una bandera norteamericana frente a la embajada, debido a una película americana colgada en youtube en contra del profeta de los musulmanes, la calle tiene varios días caliente, el gusto por la protesta parece que se ha instalado en los países del medio oriente, Egipto como pionero.

Volamos a Luxor después de un madrugonaso, típico de los viajes a Egipto donde se aprovecha el tiempo al máximo, siempre digo que a este país venimos a despertar, no ha dormir. Esta es  una ciudad muy antigua  que fue la capital de los grandes faraones, durante las mas importantes dinastías, dos templos monumentales son su corazón Luxor y Karnak.

 Abordamos el Afandina, el pequeño barco joya, nuestro hogar por ocho días. Un barco a la antigua usanza, una Dahabella, palabra que en árabe significa algo de Oro. Para mi  un sueño cumplido, estar en el Nilo fuera del sube baja como borregos de los tours de los cruceros normales, un barco solo para nuestro grupo.

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 Me emociona navegar sobre el Nilo, sentir el deslizarse por las tranquilas aguas,  a un ritmo que da tiempo de observar en las riberas las palmeras datileras, los verdes cultivos. Escenas que nos recuerdan pasajes de la biblia: campesinos en túnicas blancas arando con bueyes, niños agachados labrando la tierra. Parece como si nos transportáramos a otro época, como si el tiempo se hubiera quedado en pausa.

 En Luxor hacemos las visitas de rigor a los templos de Luxor y Karnak en este último siempre visitamos la capilla de Sekmet, la diosa con cabeza de leona, la diosa que te quita el velo de un zarpazo amoroso, compasivo. La compasión no siempre es delicada, el despertar algunas veces puede ser emocionalmente intenso, súbito, el darse cuenta de golpe no siempre es algo fácil. Así lo trae Sekmet, aclarando, ella es el aspecto femenino del Sol, una diosa solar, poderosa.

 Siempre es interesante y divertido ver como los guías hacen la negociación  con los guardias del lugar para la visita a la capilla de Sekmet, que esta cerrada al público, un arqueólogo de planta hace su trabajo de restauración desde hace algunos años y no permite la entrada, pero todo es posible cuando él esta fuera.  El guía me comenta con  picardía que este santuario esta cerrado turísticamente pero abierto espiritualmente. 

Nos conducen con premura por un camino de arena hacia el santuario, un guardia de turbante azul y túnica blanca  nos espera tomando su tradicional té con leche, me entregan la llave del candado, haciéndome el honor de abrir la reja.

Entramos a la capilla esta en totalmente oscura, mientras nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad su silueta de basalto negro se dibuja lentamente, la luz cenital de una escotilla en el techo la alumbra con un azul suave y envolvente,  entonamos el mantra mientras hacemos el mudra, decimos Sa Sekhem Sahu, palabras mágicas para  invocar su  compasión y protección.

 

Meditamos en silencio, las gotas de sudor corren por mi espalda, siento la respiración del grupo, escucho sollozos. Su presencia no se hace esperar así como tampoco la emoción del reencuentro.

 Los antiguos egipcios tenían una visión chamánica espiritual, sus dioses eran animales propios de su región, que se convirtieron en tótems colectivos, al punto de mimetizarse con el cuerpo humano. Sekmet la leona, Anubis el chacal el dios perro que guía a quien se pierde en el desierto, Horus el halcón la visión panorámica, expandida y así muchos otros.

Al día siguiente vamos con un convoy militar a visitar Dendera y Abidos, dos portales de luz que no pueden faltar en mi viaje, en el primero a reconectarnos con la energía amorosa de los Hathor, en el segundo a activar la pineal y resetear el ADN.

 Hathor es la diosa con orejas de vaca, es la madre generosa que da el alimento, que maneja la medicina del alma y el cuerpo, la venus egipcia, entrega a su vez la música, la danza. Dendera por siglos fue un lugar de  sanación y celebración. Hathor era venerada e invocada para restablecer la salud de los enfermos.

Nuestro grupo ya es una familia, ya se mueve como una bandada de pájaros, todos juntos fluyendo. En el bus les hablo de la Hathor, para muchos desconocida, les pido que sientan su energía.

Llegamos a Dendera temprano, no hay ningún turista, el templo es para nosotros, primero entramos a la cripta, pregunto de nuevo si hay alguien que le tenga miedo al encierro, la cripta es estrecha y hacemos un ejercicios de liberar el miedo, los corazones palpitan desbocados, todos confiando, pasan la prueba.

Como dice el I Ching en uno de sus hexagramas, algunas veces nos vemos favorecidos por la desdicha de otros, es parte de la ley de las mutaciones. En este caso los cambios políticos en Egipto, han traído la ausencia de turistas por año y medio, esto nos favorece enormemente, nos encontramos haciendo visitas privadas en los templos, solos con nuestro afortunado grupo.

Meditamos en la capilla de Nut, la diosa del cielo nocturno, ella se traga al sol al atardecer, su cuerpo es el cielo estrellado, el sol sale por su vagina al atardecer. En esta capilla meditamos en silencio, dos personas reciben los códigos del holograma del amor, en trance profundo nos descargan la información, los Hathors se han manifestado. Me extraño porque eso siempre sucede en Abidos pero los maestros nos están dando un regalo y lo aceptamos.

Seguimos a Abidos, en este templo tenemos menos suerte, la vigilancia es muy intensa, numerosos militares y muchos guardias armados nos siguen hasta el Osirión, el antiquísimo templo donde se encuentra en una columna masiva casi sumergida en el agua, el tatuaje sobre el granito rojo de la Flor de la Vida. Para verla hay que bajar unas escaleras que están cerradas con alambre de púas, nuestro guía consigue el permiso para abrirla, el grupo tiene la oportunidad de acercarse.

ImagenDentro del templo de Seti I no es posible meditar, está prohibido, es parte de las restricciones de estar en un país islámico, hoy Abidos está controlado, entiendo ahora porque los códigos nos han llegado en Dendera, aquí no era posible recibirlos, por eso los maestros se han adelantado.

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Igual realizamos la activación de la pineal bajo las aperturas cenitales y disimulamos tomándonos fotos bajo los tragaluces como simples turistas, pero cada quien sabe que hacer, hemos dado las instrucciones previamente.

Nuestros días en Luxor terminan con estas dos visitas, regresamos a el Afandina para zarpar en la tarde noche. El suave movimiento del barco nos acuna, permite procesar el mucho movimiento emocional de estos días. También hay mucho disfrute, nuestro chef del barco nos ha deleitado todos los días con comida sana, casera y exquisita. Somos bendecidos, somos afortunados, estamos en Egipto, nuestro corazón rebosa de agradecimiento.

Abjini

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Una respuesta

  1. Hola Abjini! Que afortunados son todos! Leyendo tu hermoso relato me sentí allí con uds. Gracias por la información sobre la Madre Sekmet. Gracias por tu muy valioso aporte a la humanidad a través de todas tus actividades. Gracias, gracias querida Abjini! Bendiciones para todos!

    5 diciembre, 2013 en 5:03 AM

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